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La convivencia en cuarentena

La convivencia en cuarentena

agosto 24, 2020 Blog 0

 

Después de ver que el índice de divorcios aumentó en esta cuarentena, y que han salido tantos memes al respecto, quise escribir sobre el tema, sobre la convivencia en esta época en la cual hemos estado más en las casas y compartiendo más con nuestros seres queridos, con las personas con las que convivimos, con las que compartimos el espacio, con nuestras parejas.

Tal vez ya no compartíamos mucho, ya no nos conocíamos tanto, las ocupaciones, el día a día, los niños, el trabajo, las actividades fuera del hogar nos distanciaron y no nos veíamos sino lo necesario. Ahora que tenemos tiempo, que estamos todo el día en la casa con nuestra pareja, nos encontramos con que hay muchos conflictos y a través del tiempo hemos aprendido que los conflictos son malos, así que nos angustia, los evitamos o armamos una pelea campal de cualquier diferencia pequeña.

Los conflictos y las crisis son maravillosos porque a raíz de tenerlos, aprendemos mucho, son una posibilidad de sanación, de crecimiento personal y crecimiento como pareja, se afianza la relación. El encuentro con el otro siempre es la mejor forma de aprender, de sanar de trascender. ¡Qué maravilla poder tener está oportunidad ahora! Tenernos que enfrentar a nuestros miedos, al otro, a lo que el otro me recuerda de mí, a lo que nos separa, a lo que debo aprender y superar e integrar para trascender como ser humano y ser espiritual que soy.

Las crisis y los conflictos nos conectan con una herida que tenemos en el alma, una herida vieja, que viene desde nuestra infancia, es muy importante identificar y trabajar en ella para que el otro, nuestra pareja no esté metiéndonos el dedo en la llaga cada vez que le damos permiso. Esas heridas pueden ser: el abandono (así no haya sido físico), la sobreprotección (esto aunque parezca bueno nos genera una sensación de que solos no podemos y buscamos a alguien más que se ocupe de nuestras necesidades), entre otras.

Para superar estos conflictos de pareja les propongo salirse del papel de la víctima, ya que la víctima es un poco también el victimario, el malo, el responsable del conflicto, el que ataca inicialmente, exigiéndole al otro que haga tal o cual cosa y cuando el otro se defiende se convierte en la víctima: “yo, que te lo he dado todo, que todo lo he hecho por ti”.  Así, la víctima se pone en el papel de sufrir, seguir sufriendo y hacer que todos los otros sufran por haberle generado ese sufrimiento, convirtiéndose de nuevo en el victimario.

Otra cosa importante para hacer es no reclamar, más bien pedir lo que necesitas. Una relación amorosa debe ser entre dos adultos, los niños son los que reclaman, los que exigen, los que hacen pataleta. Los adultos tienen claro que necesitan que desean, cuando y saben cómo pedirlo. Por ejemplo si tenemos celos es un miedo con rabia, miedo a perder al otro, rabia de no ser respetado. El miedo de un niño es porque piensa que va a perder lo que tiene, que la relación se va a acabar, que te van a dejar por la otra persona, que no vales lo suficiente. El miedo del adulto protege es precavido, ayuda a enfrentar un peligro inminente. El adulto puede pedir respeto, pedir que se cumplan los acuerdos, cuidar la relación, mirar en que se puede mejorar para fortalecerla y no tener la opción de perderla.

Debemos aceptar al otro como es, con sus luces y sus sombras, así como yo me acepto como soy, no querer que el otro cambie y sea otro, porque el otro probablemente tampoco quiere cambiar y además, cambiar al otro nunca se logra, si estamos de buenas nos cambiamos a nosotros mismos, y eso que trabajando mucho interiormente.

Para mejorar la relación se deben llegar a acuerdos, que lleguen a un punto medio, en el cual los dos ganen, que se sientan cómodos y tranquilos, no acordar lo que no quiero por miedo a perder. Es importante respetar esos acuerdos, sean como sean. Y entender que los acuerdos son también para replantearlos, pero avisar al otro en que momento no sigo cumpliéndolo y como lo quiero modificar, no hacerlo unilateralmente.

También es  aconsejable dejar a un lado el poder, quién puede más que el otro, quién es más fuerte, porque en una pareja no se trata de ver quién le gana al otro sino de acompañarse juntos y apoyarse para llegar más lejos. Aunque también se pueden mostrar vulnerables, decir que necesita al otro y recordarle todo lo que valora del otro, de su compañía y de sus actos.

Y por fin lograr tener intimidad, desnudarse ante el otro, no sólo quitándose la ropa, mostrarse al otro sin máscaras, tal y como somos, pero para poder hacer eso hay que conocernos a nosotros mismos primero, amarnos, aceptarnos como somos para así mostrarnos tal cual.

Si después de intentar todas estas cosas propuestas, de haber puesto todo de nuestra parte para salvar la relación y mejorar la convivencia,  descubrimos que ya no debemos estar con la pareja con la que estábamos, nos damos cuenta que ya no tenemos nada en común y que ya el amor no alcanza para nada, porque ya no tengo ganas, ni creo que valga la pena hacer nada más por mejorar y salvar la relación, podemos decir adiós de la mejor manera y tomarnos con calma este final, no acelerar las consecuencias.

¿Qué te pareció el tema de hoy? Escríbeme si tienes preguntas, dudas o inquietudes, estaré atenta a acompañarte. ¡No dudes en contactarte conmigo! ¡Hasta la próxima!

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